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  • Gervasio Sánchez

    Hoy tenemos el gusto de acercarnos un poco más a Gervasio Sánchez. Nacido en Córdoba en 1959, este fotoperiodista ha retratado conflictos armados desde prácticamente 1980...

    Nos cuenta que los más grandes fotógrafos son también los más humildes, los más sencillos, y realmente, tras conocerle puedo dar fe de ello.

    Casi treinta minutos de que se pasan rápido, muy rápido con este hombre que tanto ha vivido, que tanto conoce. Nos emplaza a las 10:30 de la mañana, llego un minuto tarde. Tras el teléfono, aparece una voz amable, una voz con personalidad, es Gervasio Sánchez, comienza por darnos las gracias aunque sea yo quien le esté eternamente agradecido y nos cuenta esto...


    ¿Cómo y por qué llegó a la fotografía?
    La verdad es que llegué de una manera muy natural. Comencé a viajar joven y compré mi primera cámara para congelar esos momentos que se iban presentando en mis viajes. De hecho, nunca hice un curso de fotografía, de hecho no se revelar, que era lo que básicamente se enseñaba en los cursos en esa época… Pero si que he tenido la suerte de conocer a los mejores fotógrafos del mundo sobre el terreno, de pedirles consejo y de aceptar las críticas, a veces duras de estos, es lo que me ha enseñado y me ha hecho crecer. A veces los más grandes son también los más humildes…

    Después de todos estos años de trabajo, ¿Qué significa para usted la palabra fotografía?

    Fotografiar es la posibilidad de mostrar algo que ocurre sin necesidad de una traducción simultánea. Es el idioma universal, capaz de ser entendido por cualquier persona en cualquier rincón del mundo.


    Kosovo 1999
    Gervasio Sánchez ha cubierto la gran mayoría de conflictos armados desde 1980


    Ha trabajado cubriendo la mayor parte de conflictos armados desde 1984, probablemente haya visto mucha más miseria y desgracia que la que cualquier persona pueda contemplar en toda su vida… Sé que es una pregunta difícil, pero, ¿Cómo se lleva eso en el día a día?

    Bueno, yo comencé a estudiar periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, fueron cinco años de universidad entre 1979 y 1984, y en esos años ya viajé bastante. En 1980 viajé a Turquía donde me encontré con un golpe de estado, de hecho bastante sangriento, con situaciones bastante complejas… Después en 1982 estuve en Israel durante la invasión del sur del Líbano y viendo con mis propios ojos lo que significó la guerra y la matanza de los palestinos de Sabra y Shatila.
    Después, cuando acabé periodismo, me marché a Centroamérica, donde estuve durante varios meses inmerso en las guerras civiles centroamericanas, que en aquellos momentos eran las grandes guerras mediáticas, de las portadas de Times, de New York Times, de Washington Post…

    Una norma no escrita de esta profesión, es la de no involucrarse en el conflicto, tratar solo de ser un testigo, un intermediario con el mundo… porque sino, la carga se vuelve insoportable… Supongo que a veces la impotencia ante una situación puede ser el peor enemigo de un fotógrafo de guerra.

    Yo soy poco dado a la mitificación de esta especialidad del periodismo. Considero tan difícil hacer periodismo de conflicto como periodismo cerca de tu casa. De hecho a veces en el periodismo de guerra tienes asegurado los ingredientes para que las imágenes se produzcan por sí mismas, por el hecho de se están produciendo momentos traumáticos, hay heridos, incluso muertos… y se trabaja a un ritmo trepidante y las imágenes surgen por sí mismas. En cambio, hacer fotografías cerca de tu casa es mucho más complicado, de hecho, yo cuando doy seminarios o cursos de fotografía siempre les recomiendo a los alumnos que no se vayan al quinto pino a hacer fotografías creyendo que van a hacer buenas fotografías, porque si no consiguen documentar bien lo que pasa en sus alrededores tampoco lo sabrán hacer en culturas y lugares distintos. A veces piensan que lo que ocurre más allá en lugares más exóticos y van a conseguir mejores imágenes, eso no ocurre.

    Y todo eso que usted vive en el día a día, cuando se encuentra en zona de conflicto… ¿Cómo se soporta eso? ¿Cómo se siente uno cuando se mete en la cama?

    Bueno, eso es también algo de lo que no me gusta hablar. Pienso que hay una idea equivocada del fotógrafo que va a una zona de conflicto. Las películas americanas y otros documentales han convertido a estos en agentes especializados en transmitir el dolor, en una especie de rambo, y la verdad es que la gran mayoría de mis compañeros, tanto los que han muerto en zonas de conflicto como los que siguen trabajando de rambo tienen poco… Son personas que hacen una especialización, que saben las reglas del juego, que saben moverse en zonas oscuras pero que cuando caen bombas, lo lógico es que te escondas, que tengas miedo, que quieras marcharte de allí y a veces incluso que te jures que no vas a volver a un lugar como este.

    A mí no me gusta transmitir esa idea de héroes, para mí los únicos héroes de una guerra son las víctimas, que son las verdaderamente sufren las consecuencias. Luego cada uno como resuelve sus conflictos, sus problemas y el impacto que tiene la violencia en tu subconsciente forma parte un poco de la intimidad de cada persona.


    Liberia 1996

    ¿Qué piensa usted que es lo más importante en una fotografía?

    Yo siempre he pensado que una fotografía por sí misma no tiene tanta importancia. Se puede hacer una buena fotografía en muchas situaciones, pero a mi me interesa más hacer buenos proyectos. Hay mucha gente que tiene muy buenas fotografías y nunca ha hecho un buen proyecto, y por el contrario gente que no tiene buenas fotografías y sin embargo tiene magníficos proyectos. Esto es un poco como la vida, no tiene nada que ver con la suerte de un momento sino por la trayectoria. No creo que a un periodista haya que valorarlo por una fotografía en concreto, sino por el trabajo de toda su trayectoria.

    Podría contarnos cuál es su equipo actualmente, aquel con el que trabaja.

    Pues la primera cámara que me compré fue una Chinon con motor, en 1980, que era bastante extraña… que por cierto, muchos años después se la regalé a mi mujer y se la robaron en Ecuador… Y luego comencé a comprar Nikon, la verdad que porque tuve una buena oferta al comprar la primera cámara y luego fui ampliando el equipo… y la verdad que después resulta complicado cambiar el equipo. Lo cierto es que para mí la marca es lo menos importante.

    También me ha pasado una cosa curiosa y es que la gente me suele preguntar que si trabajo con Leica, por el blanco y negro, por los encuadres, y lo cierto es que a mi Leica nunca me ha gustado. Pero al fin y al cabo para mí lo de menos es el equipo que utilices, lo importante de verdad es hacer buenas fotos.

    ¿Como se sienta uno a procesar ante el ordenador cuando tiene delante imágenes como las suyas?

    La verdad es que yo no tengo la menor idea de cómo procesar una fotografía con el ordenador, de hecho como nunca supe revelar pues ahora en digital tampoco, que para mí es lo mismo. Cuando tengo que enviar una fotografía envío el original y ellos saben los parámetros que tienen que seguir y para las exposiciones fotográficas trabajo con Juan Manuel Castro Pietro que ha sido siempre mi copista, en blanco y negro y en color, que para mí es el mejor copista que hay en España, a parte de un magnífico fotógrafo y él es el que me copia mi trabajo. Nos conocemos y entendemos perfectamente y él sabe lo que yo quiero.

    En este aspecto me desentiendo un poco del tema. No me gusta meterme a trabajar directamente con las imágenes, como tampoco me gustaba en el laboratorio. Sin embargo cuando hay que preparar una exposición o un libro eso sí que es un trabajo muy personal y que hay que pasar mucho tiempo decidiendo y seleccionando las fotografías y lo que quieres transmitir… ahí sí que puedo pasar varios meses seleccionando y preparando la edición de un libro o una exposición. Eso lo hago entera y completamente yo.

    La fotografía ocupa un gran lugar en su vida, pero, ¿Y en su tiempo libre? ¿Le sigue apeteciendo fotografiar? En ese caso, ¿Qué tipo de fotografía hace?

    Mira, es curioso pero yo no llevo nunca una cámara en España. Seguramente algún día ocurrirá delante de mí algo realmente importante y no lo fotografiaré, de hecho he fotografía muy pocas veces en nuestro país. No soy una persona fanática de llevar siempre una cámara encima, lógicamente cuando estoy en una zona de conflicto sí, pero cuando estoy aquí en España a no ser que esté con mi familia haciendo un poco de turismo o algo así nunca me acompaña.

    A lo largo de su carrera, usted ha demostrado un grado de compromiso digno de admiración… ¿Decepciona encontrarse de frente con la hipocresía cuando se ha visto el problema desde tan cerca? ¿Cuándo se sabe que a veces, no es tan difícil ayudar?

    Yo soy poco partidario de que se me tilde de fotógrafo comprometido o de fotógrafo solidario, no me gusta que se una ese adjetivo a la palabra periodista, por una razón muy clara, es que para mí el periodismo es compromiso. Yo soy periodista porque siempre he creído que el periodista está comprometido con su sociedad y tiene que mostrar las incongruencias del poder y ser capaz de golpear duramente y de manera efectiva con sus imágenes y con sus textos, las mentiras del poder, el cinismo con el que actúan la gran mayoría de los políticos, que dicen una cosa cuando están en la oposición y pisotean sus mismos principios cuando están en el gobierno. Yo hago el trabajo en el que siempre he creído porque siempre he creído que un periodista ha de estar para someter el poder a sus propias contradicciones. No se puede dedicar jamás a endulzar la realidad y especialmente a admirar a sus políticos favoritos.

    ¿Cómo ve el panorama fotoperiodista en la actualidad?

    Yo dirijo un seminario de fotografía cada año, este será el décimo aniversario, que realmente no es un seminario puramente de fotoperiodismo sino de fotografía en general. Y yo invito a todo tipo de fotógrafos de todos los estilos, de todas las edades que tengan algo que decir, y de hecho se ha convertido en un seminario de referencia.

    Lo cierto es que hay mucha gente interesada en la fotografía, en el fotoperiodismo. Cada año me encuentro con trabajos impresionantes de gente muy joven, que ya me hubiese gustado a mí con 23 ó 25 años hacer esas maravillosas fotografías. La tecnología está ayudando mucho, pero también lo está haciendo la educación.

    ¿Qué consejo le daría a alguien que se sienta atraído por este mundo?

    Yo, cuando alguien quiere de verdad ir a un lugar de conflicto intento convencerle de que si lo hace sea porque tiene razones de peso mayor para hacerlo. Todo el que busque aventura o excitación o buscando cosas increíbles yo les recomendarían que se quedasen en su casa. Yo también he sido joven y fui a mi primera guerra como si fuese una aventura y muy excitado porque pensaba que me iba a encontrar allí una historia impresionante, algo que me iba apasionar muchísimo. Luego me di cuenta de que la guerra es un desastre donde la gente muere, donde la gente sufre y donde las posibilidades de tragarse una bala son realmente altas. Recuerdo que Robert Cappa contaba, que un alumno suyo tenía tantas ganas de ir a la guerra que él no lo dejó, este le protestó unos meses después y Cappa le contesto, que estaba tan excitado que era un firme candidato a morir en la guerra.

    Es una profesión muy dura, en la que te encuentras con muchos sinsabores y en la que tienes que convivir con momentos e imágenes muy duras. Es algo que hay que tener muy claro.

    ¿Cuál es para usted “SU FOTOGRAFÍA”?

    Como te comentaba antes para mí lo realmente importante son los proyectos. Puede que haya fotografías que hayan resaltado más o hayan trascendido más, pero lo cierto es que sin el proyecto no existirían. Para mí estos son los realmente importantes.

    ¿Un fotógrafo?

    Creo que en este trabajo hay alguien, que nosotros conocemos como el monje de la fotografía que es James Nachtwey, que lleva toda la vida trabajando, y que ha sacrificado muchas cosas en su vida personal para hacer lo que hace. Yo he aprendido mucho de él, lo conocí hace muchos años cuando ya era todo un veterano y yo aún estaba empezando… y me ayudaron mucho a entender este mundo.

    15- ¿Una canción?

    Si tengo que quedarme con alguien lo haría con Camarón de la Isla. Con toda su obra.

    16- ¿Un sueño?

    Pues antes soñaba con que algún día dejara de existir la guerra… pero ahora sueño, con que simplemente los seres humanos aceptemos que la guerras forman parte de nuestra esencia, que somos incapaces de vivir sin la guerra, y lo que hay que hacer es intentar aliviar el sufrimiento ajeno.




    Una entrevista de Francisco N Merino para OjoDigital.
    Todas las fotografías que aparecen en la entrevista han sido cedidas por el autor y su utilización para otro fin queda prohibida.
    Para conocer aún más a Gervasio Sánchez:


    Este artículo fue publicado originalmente en el tema del foro: Gervasio Sánchez iniciado por Franky's eye Ver mensaje original