¿Por qué a mi helada soledad viniste
cubierta con el último celaje
de un crepúsculo gris?...mira el paisaje
árido y triste, inmensamente triste.
Si vienes del dolor y en él nutriste
tu corazón, bien vengas al salvaje
desierto, donde apenas un miraje
de lo que fue mi juventud existe.
Mas si acaso no vienes de lejos
y en tu alma aún de placer quedan los dejos,
puedes tornar a tu revuelto mundo.
Si no ven a lavar tu ciprio manto
en el mar amarguísimo y profundo
de un triste amor, o de un inmenso llanto. (Manuel José Othón)
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El tiempo no nos cambia, solamente nos descubre.



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