Raúl...
...Llego tarde, como suele ser habitual, así que creo que no puedo añadir gran cosa a los sabios consejos que todos han sabido darte. Comprendo tu situación, porque a tu edad tuve planteamientos similares; cada revés que la vida me proporcionaba era dinamita para mi moral, y la posibilidad de llegar a cometer una tontería irreversible rondaba por mi cabeza cada lunes y cada martes.
Esto que voy a contar es "psicología todo a 100", pero tal vez te ayude. Tal vez la culpa de toda esta mierda que tanto nos atormenta la tenga esa especie de paranoia derrotista que se nos inculca desde niños en casa y en la escuela, que consiste básicamente en que las mayores chorradas (las malas notas, el roto en el pantalón del uniforme escolar, las lentejas que se enfrían, el no querer saludar a tu tía por teléfono porque te cae mal...) parece ser que tienen una importancia capital en nuestro desarrollo como persona y en el devenir de la humanidad (ironía que no falte) y tenemos por tanto que estar constantemente preocupados, deprimidos, de mala hostia. Casi todo es fracaso, pocas cosas son éxito. Luego eso se va transformando con la edad en otra serie de "rayaduras" de mayor envergadura: no tengo trabajo, o lo tengo pero mal remunerado; la chica que me gusta pasa de mí como de la mierda; me falta una décima para entrar en la facultad que me gusta; no tengo amigos porque en el barrio dicen que soy "raro" (¿dónde está la delgada línea que separa lo "normal" de lo "raro"?), y entonces las cosas se van acumulando, como una bola de nieve que no para de rodar y de crecer, y no hay válvula de escape...
¡Pues en nosotros está el colocar esa válvula que mande a la mierda esas movidas de una vez por todas! Lo más importante es estar satisfecho con uno mismo, porque somos el mejor amigo que tenemos. Yo ya no tolero que nadie me venga a decir que lo que yo soy o lo que yo significo no es lo correcto: debemos ser nosotros los forjadores de nuestro propio lugar en el mundo, y hacérselo ver a los demás.
Ante todo, tienes que tener bien presente los tres siguientes principios:
*¡Nunca se es viejo, y menos a los 19, por el amor de Dios! Todo eso es tan relativo como lo de "normal" y "raro". Yo conozco a gente que a los 100 años es más joven que muchos quinceañeros: mira a la señora de Takayama que retraté hace unos meses (por la web andará) y que con 100 años sigue trabajando en el mercado. Y no me vale la teoría de los países "modernos". Yo te hablo desde Japón, vale, pero aquí la gran mayoría de la gente funciona igual que en el resto de países: los niños famosos en el colegio no son los inteligentes, sino los que juegan mejor al fútbol o al béisbol. Y en Alemania pasa tres cuartas partes de lo mismo. Bueno, pues en nuestras manos está también cambiar todo eso, o al menos pasar de ello.
*Después de todo, muy pocas son las cosas que realmente tienen importancia en este mundo, y tú tienes el mérito de saber cuáles son: la familia, por ejemplo. Pues ya has dado un paso muy importante; sabes lo fundamental. En base a eso, ya estás en condición de reírte de las cosas que no tienen importancia.
*Y como ya te han dicho por aquí, llena tu tiempo, que es la mejor medicina. Sabes que cuentas con la fotografía, sin duda una gran amiga que puede curar cualquier depresión.
Perdón por el tostón. Un abrazo y mucho ánimo, amigo.
Gabriel
Última edición por maurazos; 23/02/2004 a las 17:48
Todas las imágenes son mentiras. La ausencia de imagen también lo es.
Gao Xingjian
Ser es ser fotografiado.
Jorge Luis Borges
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