Hola a todos!, Espero que esta vez haya hecho un mejor trabajo con el tema de los ojos y la boca...la foto fue hecha a partir del poema...
Gracias por pasar y comentar...
Saludos y Suerte a todos!!!...
Cuando la leyenda deje de ser didáctica, la vida ejemplar del pecado,
emergerán seres completamente sucios y vivos.
La letra es la primera impresión de un individuo, decía mi abuelo,
no puedo mover mis dedos, no puedo cerrar mis manos,
firmar es una odisea
sentir, un holocausto.
Así ha sido esta enfermedad sin nombre.
Así y ya, sin preguntar ni pedir permiso.
Pocos saben lo que es tener un brazo muerto, pocos, poquísimos, poquitos.
Y a quién le importa
el mal funcionamiento de venas y tendones.
La vida nos lleva
víctimas no somos solo extranjeros.
Quejarse es caer en la intransigencia de la voluntad ajena,
exprimir la risa hasta convertirla en una mueca destilada
estilada, fugazmente dichosa e irresponsable.
Tu calidez
circunstancia del desobligo.
Tu calidez mata el frío.
El calor del trago en el pecho, la trama oculta del desagravio.
Tu calidez limita,
abre lo poco que queda
que da
queda.
Era intensa pero falaz
vivía vidas ajenas, contenida en la molicie de una madre.
Las noches no sirven si las pinta otra mano enferma.
Denme una bala y lárguense de aquí.
No la nombro ni la pinto, tampoco la lleno de metáforas.
Una bala atraviesa el recuerdo esculpiendo en el cuerpo una sutura
en U.
Lo único transformable es la infancia.
El resto: esquirlas de los días en brazos.
Persigo la vena en mi mano,
la aprieto como si fuese un gusano
y yo sin sal.
La sigo, recorre el brazo, baja por la axila, se pierde en la fricción de las demás.
Ella ha nacido fuerte y rabiosa, como sea, me conduce al desasosiego
del dolor.
Camino y el corazón exhala una protesta, aunque sabe que es tarde.
La cima es la carencia y en ella
desciende el final.
Quisiera volver a ser ese soldado olvidado por dios, ese caminante sano,
no el reflejo opaco de un dibujo mal hecho.
La piedad es el peor defecto de los sin nombre, confluye la existencia
en un suspiro ajeno.
Entonces la noche nos saboreó distante y hablamos y decidimos, como viejos perdedores,
no escribir para nadie más que para nosotros.
Nadie más tocará nuestra sangrante belleza, enajenada, violada y dispuesta a escabullirse.
No reconstruiremos los fragmentos, los esparciremos por la arena inmunda y brincaremos sobre
ellos como unos malditos desvergonzados, y luego los soplaremos lejos, lejos, bien lejos;
para nada más encontrarlos en el siguiente acabose.
(Juan Secaira)



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