
Cuando lees libros o historias sobre la cultura Inca, lo primero que te viene a la mente es la Ciudad Sagrada de Machu Picchu. Es inevitable pensar en la enigmática construcción ubicada en medio de las verdes montañas de los Andes Centrales, en medio de la nada, escondida e inaccesible en la antigüedad. Aunque anteriormente ya había indicios de su existencia, no fue descubierta, oficialmente, hasta el año 1911 por el profesor norteamericano Hiram Bingham, hace tan sólo 99 años.

Panorámica de la ciudad de Machu Picchu
El Camino del Inca, o Inca Trail, es una ruta de 4 días caminando hasta llegar a Machu Picchu. Es conocida como la más famosa ruta de trekking en Sudamérica por la mezcla de los distintos aspectos que tiene. Es un camino que realizaban los incas, partiendo de Cuzco, para llegar a Machu Picchu. Se recorren 43 kilómetros y se llegan a alcanzar alturas que rondan 4.200 metros.

Trazado del Camino Inca a Machu Picchu
Tras la frustración de habernos quedado sin plaza para poder realizarlo en 2008, a principios de 2009 ya disponíamos de las reservas, los billetes de avión y todo lo indispensable para viajar en el mes de Agosto a Perú, esta vez no se nos podía escapar. Conseguir plaza es complicado porque el acceso al Santuario de Machu Picchu por el Camino Inca está restringido a 300 personas al día, incluyendo guías y porteadores. Además está regulado por el gobierno de Perú y sólo es posible practicarlo mediante la contratación del trail a alguna de las empresas mayoristas o agencias de viajes con licencia para ello.

Tiendas en la ciudad de Ollantaytambo
Llegamos a Perú diez días antes del inicio del Camino Inca, necesitábamos tener tiempo suficiente para aclimatarnos a la altitud y, cómo no, aprovechamos para visitar otras maravillas que ofrece este gran país. En Cuzco conocimos al guía de nuestro grupo, el día anterior al comienzo del Camino. Nos hizo un “briefing” del mismo para informarnos de lo que iba a acontecer los cuatro días siguientes. Así como, aconsejarnos qué llevar para no ir sobrecargados (el peso de más te pasa factura) y culminar la ruta de la mejor manera posible. Nos dio la primera buena noticia, éramos un grupo reducido de 6 personas, una pareja de Sabadell, una de Brasil y nosotros dos.
Día 1:
La emoción y los preparativos hicieron que apenas pudiésemos dormir lo necesario para estar al 100% en la iniciación del trekking, con todo lo que nos esperaba. Nos recogieron los primeros, a las 05:00 a.m., para continuar con el resto del grupo. Era el momento de las presentaciones y de los primeros intercambios de sensaciones, las cuáles fueron inmejorables. En ese mismo instante, se crearon las buenas vibraciones que aún persisten entre los componentes del grupo a fecha de hoy.

Inicio del Camino Inca en el Km. 82
Viajamos en furgoneta hasta la población de Ollantaytambo (2.790 m.s.n.m.), donde nos reunimos con los porteadores y el cocinero. Tras las presentaciones nos desplazamos al famoso kilómetro 82, donde empieza el Camino Inca. Después de pasar el control de pasaportes comenzamos la marcha.

Ruinas de Patawasi
La primera jornada fue relativamente fácil, una caminata tranquila, con algunos repechos pero sin llegar a cansar mucho. Era un día de aclimatación, el peso que hay que cargar se hace notar en los pies, hombros y espalda (opcionalmente se puede contratar a un porteador para llevar tus pertenencias), también para comprobar nuestra condición física y en qué medida el incremento de altitud iba afectando al grupo. De momento todo sobre ruedas, nadie se sentía más agotado de lo normal.

Ruinas de Willkarakay
Estábamos en el mes de agosto, época seca, el camino es árido y polvoriento en gran parte del trayecto pero el paisaje no deja de ser espectacular. El imponente nevado Verónica nos acompañaba, a nuestra derecha, todo el tiempo junto a las bravas aguas del río Urubamba.
Mientras caminábamos, el guía nos documentaba sobre el ecosistema que nos íbamos encontrando, así como de cada una de las ruinas incas que visitábamos. Las primeras que divisamos fueron las de Q’Anabamba, nada más empezar el Camino. Un par de horas después de la comida llegamos a las pequeñas ruinas de Patawasi, donde su elevada posición permite apreciar la magnitud de los restos y terrazas de Willkarakay.

De regreso a casa al atardecer
Proseguimos la caminata y nuestros porteadores nos adelantaron, debían de tener el campamento listo para cuando llegásemos. Aprovechamos su paso para darles ánimos y muestras de apoyo. Nunca pensé que una persona, con esa complexión física (aparentemente, no son personas fuertes ni muy grandes), podría cargar tanto peso en su espalda en las condiciones en las que se practica esta ruta.

En los kilómetros que conforman esta primera etapa se atraviesan los únicos asentamientos de gente autóctona que vive en el mismo Camino Inca. Nos cruzábamos con niños que iban a pie a la escuela, adultos que se desplazaban hasta poblados mayores para trabajar, comprar o poder ir al médico… teniendo que recorrer esa larga distancia cada día.

Interior de una típica cocina andina
Llegamos al campamento (3.000 m.s.n.m.) cuando el sol empezaba a desaparecer entre las montañas. Teníamos las tiendas montadas sobre un manto de césped y con unas vistas magníficas del nevado Verónica, que ya estaba casi cubierto por las nubes.
Pese a los problemas que tengo para dormir en tiendas, debido a mi altura, esa fue la mejor noche.
Día 2:

Preparando el desayuno
Poco antes de las 06:00 a.m., los porteadores nos despertaron, al mismo tiempo que nos dejaban unos mates de coca para ir calentando motores. Tras un energético desayuno reanudamos la marcha, nos esperaba el día más duro, una larga y abrupta ascensión de más de cinco horas hasta alcanzar la cima del Warmiwañuska (el paso de la mujer muerta) a 4.215 m.s.n.m.

Niños en los puestos de venta del campamento de Llullupampa
Durante la ascensión se apreciaba el cambio en el entorno natural, que iba de la temperatura razonablemente templada de los valles, a los desarbolados pastizales de la fría puna. Atravesamos bosques y ríos hasta llegar al campamento de Llullupampa, que se encontraba en un pequeño llano rodeado por dos riachuelos. Era el último campamento hasta llegar a Machu Picchu, donde nos podíamos proveer de bebidas y chocolatinas.

Ascendiendo al Warmiwañuska
La caminata se hacía cada vez más dura, el cansancio iba haciendo mella con cada paso que dábamos. El incremento de altitud también se iba notando, respirábamos con mayor dificultad y nos fatigábamos antes, siendo necesario descansar cada pocos metros. En el último tercio del trazado, el camino se trasformaba en escaleras con peldaños casi verticales, poniendo a prueba, más si cabe, el físico y nuestras rodillas. En uno de los descansillos, comentaba con mi esposa: “¿qué demonios hacemos aquí pudiendo ir a Machu Picchu tranquilamente en tren o pasar el verano en la playa como hace casi todo el mundo?”… Estos pensamientos quedaron irremediablemente en el olvido cuando alcanzamos la cima.
Fuimos los primeros del grupo en llegar, por lo que aprovechamos para inmortalizar la llegada del resto de compañeros. La amenaza de lluvia y el fuerte viento nos obligó a liberarnos inmediatamente de las mochilas para buscar la ropa de abrigo.

En la cima del Warmiwañuska: a la izquierda nuestro guía Hernán, a su derecha mi esposa Mª Carmen y yo. A la derecha, casi de pie la pareja de Sabadell, Jordi y Sara. En primer plano los brasileños, Gianne y Blenda.
El merecido descanso era necesario para luego descender hasta el próximo campamento, ubicado en el valle del río Pacaymayu. A pesar de que durante la bajada divisábamos, en todo momento, donde quedaba el campamento al que nos dirigíamos, nos llevó unas dos horas alcanzarlo. Las rodillas se resentían cada vez más debido a la interminable escalera del recorrido. Este duro descenso nos lo amenizó la pareja brasileña, que nos lo hizo un poco más agradable a ritmo de samba, no pararon de cantar en todo el trayecto.
Recuerdo que hacía frío pero la alegría de haber superado el día más duro del trekking se alargó hasta bien entrada la noche en la “tienda comedor”.
Día 3:
Está considerada como la etapa más amplia de la caminata. Si bien los desniveles no son exigentes, el camino es largo.

Al fondo el campamento de Pacaymayu visto desde las ruinas de Runkurakay
Comenzamos con una lenta y dura ascensión. Debíamos atravesar un segundo paso en el que se observaban los impresionantes restos arqueológicos de Runkurakay (3.800 m.s.n.m.). Según se cree estos pequeños enclaves eran utilizados como refugio por los chasquis, correos o emisarios incas que viajaban desde Machu Picchu a Cuzco o viceversa. Luego descendimos hasta las ruinas de Sayaqmarka (pueblo dominante) donde teníamos una excelente vista panorámica del Valle de Acobamba y del Salkantay. Estas ruinas están compuestas por un laberinto de pasadizos muy estrechos, algunos con salidas y otros no. El auténtico camino de acceso a la edificación es por una empinada, pero sólida, escalera de piedra al borde de la montaña.

Runkurakay, refugio de los chasquis
Tras un descanso y escuchar las explicaciones del guía, reanudamos la marcha hasta llegar al campamento de Chakicocha, donde nuestros porteadores nos esperaban con la comida lista.
Por la tarde atravesamos los primeros túneles del camino, con los escalones tallados en la misma roca, hasta llegar a una de las ciudadelas más originales de la ruta, Phuyupatamarka (ciudad sobre las nubes) a 3.640 m.s.n.m. Desde allí pudimos ver a lo lejos Aguas Calientes, ciudad destino de los trenes que van a Machu Picchu.

Ruinas de Sayaqmarka
A partir de allí encontramos gran cantidad de vegetación y flores de todo tipo. El camino es de descenso, mis rodillas estaban ya muy resentidas en esta tercera jornada con tanto escalón, hasta que, tres horas más tarde, llegamos al campamento de Wiñaywayna (2.650 m.s.n.m.). Estábamos a tan sólo una hora del Inti Punku (Puerta del Sol), la puerta de entrada a Machu Picchu. Los nervios y las ganas por llegar a la Ciudad Perdida se apoderaban de todos nosotros en las últimas horas.

Panorámica del Valle de Vilcabamba con el nevado Salkantay (6.271 m.s.n.m.) al fondo
Era la última noche que pasábamos juntos y los porteadores, ayudando al cocinero, nos hicieron una cena especial. Fue una velada muy agradable en la que aprovechamos para despedirnos de ellos. Tal y como acordamos previamente, los seis miembros del grupo les dimos una propina por el gran esfuerzo realizado durante cada jornada y por el buen trato que tuvieron con nosotros.
Día 4:
Teníamos que ser el primer grupo en pasar el control de pasaportes para llegar a Machu Picchu, nuestras intenciones eran claras a la vez que complicadas. Una vez dentro de la Ciudad Sagrada queríamos subir a la mítica montaña de Wayna Picchu, es un lugar muy protegido y sólo se permite el acceso a 200 personas al día. Por lo tanto, nos levantamos a las 04:00 am. La emoción se apoderaba de cada uno de nosotros y a los pocos minutos ya estábamos listos. Un breve desayuno y salimos corriendo, literalmente, hacia la puerta del control de pasaportes.
El último día íbamos más ligeros de peso, ya que las colchonetas y los sacos de dormir (que nosotros habíamos alquilado para el trekking) las devolvimos a los porteadores.

Esperando la apertura del control de pasaportes
El control de pasaportes no abría hasta las 05:00 am y llegamos los primeros, como pretendíamos. Era completamente de noche, sólo nos alumbraba la luz que provenía de los frontales. Tal y como llegaban los otros grupos se iban poniendo en cola y sabían, perfectamente, quiénes eran los primeros: los brasileños y los españoles. El sonido de la armónica brasileña y nuestros cánticos eran inconfundibles, los recordaban de las jornadas anteriores.
Tras la apertura del control salimos disparados, seguía sin amanecer y la luz de los frontales nos ayudaba a seguir el camino. Poco a poco iba despuntando el día y podíamos ir apreciando mejor el entorno que nos rodeaba, pese a la rapidez de nuestros pasos. El paisaje cambiaba de lo típicamente andino, a lo típicamente amazónico. Miles de metros más abajo, en un ancho abismo de laderas verdes, bajaban los ruidosos y agitados rápidos del río Urubamba.

Desde el Inti Punku, la Ciudad Sagrada aún dormía bajo las nubes
Era tal nuestra celeridad y ganas por llegar, que cubrimos este tramo, previsto para más de una hora, en tan sólo 45 minutos, dejando incluso atrás al guía. Llegamos exhaustos a Inti Punku y a nuestros pies, totalmente cubierta de nubes, se encontraba la Ciudad Perdida.
El Inti Punku es un pequeño complejo con construcciones que, al parecer, cumplió la función de un puesto de control o vigilancia. Al tratarse de un punto estratégico elevado, es uno de los mejores lugares para tomar fotos de todo el Santuario de Machu Picchu al amanecer.

Amanece en Machu Picchu
Pasados unos minutos las nubes empiezan a disiparse, la figura del mítico pico Wayna Picchu iba tomando forma y los primeros rayos de sol se iban proyectando poco a poco sobre la parte alta de las ruinas y terrazas. La imagen que teníamos ante nuestros ojos era un sueño cumplido, el gran esfuerzo realizado para llegar hasta allí se quedaba en el olvido ante la grandeza, majestuosidad y misterio de Machu Picchu. Teníamos delante de nosotros una de las siete maravillas del mundo, la Ciudad Sagrada de los Incas, la ciudad perdida. ¡Lo habíamos conseguido!

Llamas en los patios de Machu Picchu
Era el momento de visitarla y disfrutar de ella durante todo el día. Antes debíamos bajar hasta la entrada principal, por la que acceden los turistas que suben en autobús desde Aguas Calientes, para poder dejar las mochilas, los palos, etc. Posteriormente, nuestro guía nos acompañó por toda la ciudad contándonos su historia y misterios.

Terrazas y ruinas de Machu Picchu. Al fondo a la izquierda se encuentra el Inti Punku.
La única nota negativa es que al final no pudimos subir al Wayna Picchu, cuando llegamos las plazas ya estaban cubiertas. En este aspecto la gente que duerme la noche anterior en Aguas Calientes tiene ventaja sobre estas reservas, al poder acceder a la Ciudad antes que los que lo hacemos a través del Camino Inca (siempre que hagan el recorrido del autobús hasta el Santuario a pie, porque a las horas en las que empieza a formarse la cola no hay servicio aún).
Normalmente cuando se contrata el trekking del Camino Inca todos los grupos vuelven en tren hasta Ollantaytambo el mismo día por la tarde y de ahí a Cuzco en autobús. Nosotros decidimos hacer noche en el pueblo de Aguas Calientes, ubicado a diez minutos en autobús de Machu Picchu, así que nos quedamos visitando por nuestra cuenta la ciudad hasta el atardecer, queríamos disfrutarla al máximo.

Niños en las vías férreas de Aguas Calientes
Información y consejos:
La mejor época para realizar el trekking es durante la estación seca, entre mayo y septiembre, pero también es la más cara. Al ser ésta la época de más afluencia de turistas, hay que realizar la reserva con al menos 6 meses de antelación.
Hay muchos operadores y agencias que ofertan este trekking, la variación de precios de unos a otros puede ser muy elevada. Leer detenidamente los servicios que incluyen, comparando unos con otros, para ver donde está realmente la diferencia de precio puesto que, prácticamente, todos ofrecen lo mismo y acampan casi en las mismas zonas.
Es aconsejable estar varios días antes en Cuzco para ir aclimatándose a la altitud.
Recomiendo llevar un buen calzado (cómodas botas o zapatillas de trekking), chaqueta impermeable o cortavientos, ropa de abrigo para las primeras horas del día y durante la noche, linterna o frontal, repelente de insectos, protector solar, sombrero o gorra, bebida y/o pastillas purificadoras. En todos los campamentos, excepto en el de Pacaymayu (segunda noche), y el de Chakikocha (tercer día), se puede comprar agua embotellada, bebidas energéticas, chocolatinas, etc.
Mi equipo estaba compuesto por una mochila de 45 litros y una riñonera Lowepro para llevar la cámara réflex con el angular montado, el tele-objetivo, baterías y filtros. El gran angular lo llevaba en uno de los bolsillos exteriores de la mochila grande. Mi esposa llevaba una mochila de 30 litros y la compacta para realizar sus respectivas fotos y videos. Hay que intentar llevar el menos peso posible, sobre todo si no se está acostumbrado a ello. Además de los objetos personales también se debe cargar con el saco de dormir y la colchoneta. Opcionalmente se pueden contratar los servicios de un porteador para que te lleve el grueso del equipo y poder utilizar una mochila pequeña con lo indispensable para el día.
Los bastones de madera, que tanto ayudan en la caminata, se pueden comprar en Ollantaytambo, justo antes del inicio del trekking (cuestan uno o dos euros cada uno).
César March.













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