• Miradas desde Camboya (de LeBoC)



    Me acomodo en la plaza 18B del avión. Atrás queda un año y pico sin prácticamente días libres, mucho stress y largos meses de ahorro para poder estar en ese asiento. Una pequeña odisea Coruña – Lisboa – Londres – París – Bangkok – Siam Reap me llevaría al comienzo de mi aventura asiática. Mi cámara y mis 2 objetivos viajan permanentemente conmigo, únicamente facturo una pequeña mochila de apenas 2 kilos con medicamentos, ropa interior, y varias camisetas.

    Mientras me acomodo, en mi retina la imagen de mi familia durante la despedida y en los oídos zumbando las palabras de algunos amigos y familiares comentando que estaba tocado por irme sólo a un lugar peligroso, necesitado y sanitariamente nulo.





    Tengo muchas horas por delante, hojeo la “Lonely” y me centro en aquellos aspectos que debo tener siempre presente para no ofender a la población, detalles que aquí no tendrían la más mínima importancia. Me repito una y otra vez: no tocar la cabeza a nadie, descalzarse al entrar en templos o casas y siempre dejar un presente, mantener la calma en cualquier situación, cualquier signo de agresividad causa una pérdida de prestigio y vergüenza, tener cuidado con los pies y nunca señalar nada con ellos, y menos algo sagrado, descubrirse e inclinar la cabeza siempre en forma de respeto hacia los mayores y los monjes…




    BANGKOK

    Durante dos días, Bangkok me resulta artificial y decepcionante, una ciudad amoldada al turismo, con una contaminación galopante y donde la prostitución es moneda de cambio en cualquier escenario y esquina. Aunque, eso sí, con una vida soterrada bajo lo aparente, que prometía interés.



    Esa decepción se reflejaba en mis fotos, ninguna me parecía decente, buscaba algo cercano y auténtico que no hallé o no supe hallar, y fue la confirmación de que mi estado de ánimo influye de forma determinante en ellas.


    SIAM REAP

    A punto de aterrizar en Camboya, desde el aire intuía que comenzaba realmente mi viaje, desde la ventilla oteaba vastas extensiones de terreno rural seco completamente deforestado (uno de los grandes males que sufre el País), y diminutas personas a pié, en bicicleta o moto. Nada que ver con la saturación y caos de Bangkok.



    Tenía serias dudas de cómo enfocar mi visión del país y aunque había visto cientos de fotos no lo tenía nada claro y menos con mi estado de ánimo.
    Al pisar el aeropuerto, busqué alguien que me llevase a encontrar un alojamiento. Rápidamente me di cuenta del significado del dato que dice que el 70% de la población es menor de 30 años, pues en el trayecto mis ojos se cruzaban con los de multitud de niños jugando, trabajando, yendo al colegio a pié o en bicicleta y ocupándose de sus hermanos o hijos… Sí, hijos.
    Sus miradas directas, sinceras, sin tabús ni convencionalismos me atraparon. Una forma de mirar distinta y natural que incluso muchos niños en nuestra sociedad, por desgracia, ya no tienen. Bastaron esos instantes para saber que trataría de reflejar el país a través de las miradas de sus gentes.



    Aunque deseaba irme a las zonas rurales más alejadas del turismo, no podía estar en Camboya y no pasar tres días por su alma: los Templos. Según me acercaba a Angkor Wat, enmudecí de la belleza del lugar y la inmensidad de lo que tenía antes mis ojos, realmente es una gran urbe, una civilización de hace más de 1000 años de unas proporciones prodigiosas (albergaban sobre el millón de personas, cuando, por ejemplo, Londres en aquella época no llegaba a los 50.000).



    Era como estar dentro de una película, con niños correteando por las cunetas y jugando con monos salvajes. Sin lugar a dudas es una de las maravillas que poseemos en la tierra, y la magia y paz interior que emanan estos lugares son dignas de ser experimentadas al menos una vez en la vida.
    Al ver aquello me preguntaba una y otra vez cómo una civilización como aquella podía haber involucionado hasta la actual. Aunque tres días son más que insuficientes si el viaje está basado en los templos y el paisaje, se suele recomendar para recorrerlos unos 20 días. Mejor visitarlos en tuk-tuk, ya que el sol te destroza lentamente a lo largo de la jornada y una sombra siempre es recomendable.
    Pude visitar algunos de los más representativos (Angkor Wat, Angkor Thom, Ta phrom, Bayon, Sra Srang, Banteay Srei…). Los templos se encuentran diseminados por todo el país pero aquí se concentran los principales. Sin duda vale la pena leer y documentarse sobre ellos ya que merecen un viaje exclusivo.



    Aproveché esos primeros días para familiarizarme y degustar el estupendo arroz y pescado (elaborados y combinados de infinidad de maneras), base de la cocina Jemer.
    Siam Reap es un buen lugar de partida para ver otras zonas del país y los pajareros tienen a pocos kilómetros la reserva ornitológica de Preak Toal, donde tengo entendido se puede hacer noche. Los interesados en los bellos paisajes de zonas de cultivo de arroz tienen relativamente cerca la provincia de Batambang, que según la mayoría produce el mejor arroz y naranjas de Camboya. Por la limitación de tiempo y lo costoso y lento de los desplazamientos, no pude visitar estos lugares, pero no me cabe duda por lo leído y preguntado, que son espectaculares.

    Durante estas primeras jornadas me aficioné a las increíbles salidas y puestas de sol, un sol de una redondez perfecta y un tamaño gigantesco, son éstos los escasos minutos donde la luz deja de ser durísima y se transforma en espectacular, el resto del día el astro está en lo más alto, cual estatua imperturbable.




    KOMPONG PHHLUK

    Camino de un pequeño pueblo de pescadores comencé a darme cuenta lo difícil y tortuoso que puede resultar llegar a muchos lugares. Elegí Kompong Phhlluk, pero Chong Kneas y algún otro, son similares y cualquiera de ellos hubiese sido una buena elección.
    Alrededor de hora y media por carretera y caminos en tuk-tuk, hasta llegar a una desvencijada caseta que hacía las veces de embarcadero. Allí, tras negociar un “barco” para llevarme a la aldea, me comentan que tendré que hacer un viaje en moto de unos tres cuartos de hora para poder cogerlo. Estamos en temporada seca y todo lo que mis ojos ven estará anegado en un par de meses.



    Recorrer a toda velocidad por el “camino” de apenas dos metros de ancho, lleno de socavones y sorteando gente que recoge madera seca, hace que mi trasero dolorido me recuerde lo peligroso de algunas situaciones y lo vendido que está todo el mundo en caso de algún accidente grave.
    Los hospitales de Phnom Penh y Siam Reap son básicos y en casos serios se traslada a la gente a Bangkok (si es que te da tiempo a llegar), así que golpeo el casco del conductor para que vaya más despacio y de paso me pregunto por qué, si pago, soy yo el que no lleva casco.
    Por fin, tras llegar, un chaval de apenas 11 años conduce el barco hasta el poblado, Por el canal serpenteante atisbo las primeras típicas casas de 7-8 m. de altura, hechas de caña, que me fascinan, niños despreocupados y sonrientes jugando en la orilla, pescadores vietnamitas zambullidos y pescando red en mano, que miran curiosos y algo contrariados por espantarles la pesca.



    Me alojo en una casa particular (no hay hotel ni nada parecido) y doy un paseo por el poblado, las mujeres cocinan en grupos a pié de las casas, otras secan y machacan camarones al sol extendidos en grandes sábanas que cubren gran parte del suelo y confieren un color naranja espectacular a lo largo de la calle de tierra.
    Llego hasta la escuela, no hay horarios, cada niño acude cuando puede, el profesor me ve curioseando y efusivamente me invita a subir. Bastante cortado (siempre trato de pasar desapercibido dentro de lo posible), asciendo la escalera, entro en la clase y me presenta a los chicos, me explica lo que les está enseñando y me pide que hable inglés con ellos, realmente me sorprende el nivel tan bueno que tienen y me sonrojo por mi acento. Tras la charla, les dejo como presente una aportación para material escolar y me dejan firmar en un libro que poseen, en el cual se refleja el nombre, nacionalidad, año y aportación que dejaron todos aquellos extranjeros que por allí pasaron, me sorprendo al ver únicamente tres nombres delante del mío.



    Son los días más felices del viaje, muchos niños se quitan el miedo y por las mañanas nos acompañan a Muny (mi pequeño guía) y a mí por nuestro caminar y descubrir de la zona. Navegamos en una especie de piragua de madera casi lisa a través de un bosque petrificado realmente impresionante, nos bañamos en el nacimiento del lago Tonle Sap, acompañamos a los pescadores, jugamos con los chavales, hablamos con la gente mientras observamos sus oficios y labores. Sin lugar a dudas un lugar recomendable para sentirse útil, olvidarse del resto del mundo y renovar el espíritu.




    PHNOM PENH

    Tocaba encaminarse a Phnom Penh, y tras un interminable viaje en bus, arribé a la capital con uno de los objetivos del viaje, conocer y plasmar el modo de vida de las familias y personas que trabajan y viven en el vertedero municipal de Stung Meanchey. Familias cuyo único modo de vida es conseguir algunos céntimos al día, buscando objetos en las basuras mientras conviven con hedores insoportables, enfermedades y una brutal deseperanza.
    Sin saberlo, acaba de dejar un paraíso natural repleto de personas sencillas, trabajadoras y amigables y me adentraba en uno de los infiernos de Camboya. La habitación que pude conseguir era un presagio de mi experiencia en la capital. Un minúsculo habitáculo sin ventanas a orillas del Mekong. Lo primero que me sorprendió fue el fastuoso Palacio Real, realmente impresionante y repleto de lujos, que contrasta con la pobreza y abandono por la parte exterior de sus muros. Al día siguiente tocaba el asalto al vertedero. Como siempre, tras conocer a un chico y pactar los desplazamientos, se sorprendió sobre los destinos que quería visitar, pero no dudó en asegurarme que no habría problema. Mientras el tuk-tuk nos llevaba al lugar, el hedor de las calles, las caras de recelo, decepción y agotamiento de la gente era síntoma de que la pobreza en las zonas rurales es dura, pero en la ciudad es mucho más que eso.



    Me sorprende encontrar vallado el perímetro del vertedero, llegamos a la zona de entrada, donde emerge una nueva y reluciente caseta de vigilancia con barreras. Me empiezo a temer lo peor. El guía para delante de la barrera, mi cámara escondida por supuesto, mientras comenta a los guardias que únicamente nos gustaría echar un vistazo y que será solo un momento. La negativa es rotunda, y mientras vuelve hacia mí, comenta que hace unos meses han vallado la zona ante los reportajes y denuncias que sobre la población han realizado periodistas y organizaciones humanitarias. No me resigno e intento sobornarlos a través de mi amigo. Dos de los guardias salen apuntándonos y gritando, nos subimos al tuk-tuk y nos vamos pitando. Hasilk me comenta que gritaban que estaban hartos de periodistas, que si quería un permiso lo pidiese en el ayuntamiento (cosa laboriosa y que con total seguridad me denegarían) y que lo que allí dentro pasaba no le interesaba a nadie.
    Si la esperanza de vida en el país ya es muy corta, en el vertedero se acelera y aún más con el aislamiento que ahora sufren.



    Hasilk me sugiere ver otra realidad del lugar y acepto, me lleva a una zona a las afueras de la ciudad, repleta de casas extremadamente humildes. Llevo como presente un saco de arroz, y allí conoceré a Ny Kim. Mientras lo espero me descalzo y me invita a entrar una chica que cuida de un bebé. Al instante aparecen varios chicos y chicas de diferentes edades. Parecen felices mientras me preguntan sin parar y me enseñan a jugar en el suelo a un juego de cromos. Llega Mr. Kim. Me sorprendo al verlo en una silla de ruedas, me saluda y comienza a comentarme la realidad de los menores abandonados, violados, huérfanos y olvidados de la capital. Ha creado una organización no gubernamental (www.hihochcornechchor.webs.com), que acoge a este tipo de chicos y el modelo autosuficiente que a largo plazo intenta implantar.
    Intercambiamos ideas y me muestra las instalaciones y detalles. Me alegró enormemente tras conocer sus historias, ver la gran familia que forman los niños y el cariño de las 2 cuidadoras, la educación que reciben y que la palabra futuro para muchos vuelva a tener sentido.



    Visita obligada, ya que tenía tiempo, fue el campo de exterminio de Choeung Ek. Pago apenas 3 dólares, que por cierto ni siquiera se queda Camboya, sinó una Empresa Japonesa. Historia viva del genocidio acaecido hace poco más de 30 años por el general Pol Pot donde 1/4 de la población fue exterminada (se barajan cifras entre 1 y 2 millones de personas), la sensación al salir de allí es realmente devastadora para el espíritu y hace dudar sobre la condición humana, una tragedia que deberíamos recordar siempre para que jamás se vuelva a repetir.



    Cuando el sol cae, la ciudad no parece ser un lugar demasiado seguro, muchos buscavidas e hileras de personas que duermen en la calle, junto al hotel, que se encuentra en el paseo a orillas de Mekong y cerca de palacio real. En su mayoría son madres con sus hijos repletos de suciedad y casi desnudos, que duermen plácidamente sobre una sábana en la acera, gran cantidad de personas con graves deformaciones y amputaciones. Se me antojaba como un desfile nocturno de auténtico horror. Todos buscando unas monedas o el billete de algún turista o compatriota. Me causa rabia, impotencia y estupor el desprecio e indiferencia de muchos de los turistas y jóvenes jemeres acomodados.




    KOMPONG CHAM

    Decepcionado y bastante desalentado por lo visto y no visto, me alejaba hacia mi nuevo y último destino Kompong Cham, más que una ciudad un pueblo grande a orillas del Mekong donde destaca un viejo faro de la época de las colonias francesas, y especialmente el puente de bambú que se construye todos los años para poder llegar a la isla de Koh Paen.



    Ésta isla es un buen ejemplo del papel de la mujer en Camboya, puedes verlas trabajar en el campo en las tareas más sacrificadas, cocinando, cuidando a los niños, pescando… Siempre envueltas en su inconfundible Krama (el pañuelo camboyano), que una vez desenrollado sirve, tanto para llevar a un bebé, como para protegerse del sol, remolcar motocicletas y una infinidad de usos. Ellas son, sin duda para mí, el verdadero motor de Camboya. Pese a todo, la sociedad es bastante machista y, aunque se trata de ocultar, en muchas casas la sumisión y el maltrato no son nada extraño.



    Me llamaba poderosamente la atención la cantidad de animales y personas con amputaciones fruto de las minas anti-persona que aún quedan diseminadas por todo el país. Sin duda, no alejarse demasiado de los senderos y caminos es una buena práctica en algunas zonas.



    Mi guía y compañero en este lugar me condujo por pequeños y maravillosos núcleos rurales del entorno, incluido el suyo, donde su casa fue parada obligada, así como la presentación de su familia, mientras alardeaba orgulloso de que su hermano, por fin, estaba acabando de construir una fosa séptica y no tendría que salir más fuera de casa. “Algún día, si consigo hacer de guía para gente como tú, yo también tendré una”.
    Tras unos días viendo los espectaculares campos de flor de loto, la confección manual de los kramas y los vendedores de caminos y carretera diseminados a lo largo de todas las rutas, sentí que realmente quedaba mucha Camboya que ver.

    Me quedo con la extrañeza y vergüenza de mucha gente al verme (incluso el llanto de muchos niños al ver un tío blanco y feo). Y lo cercanos y desprendidos que se mostraron. Eran frecuentes los paseos a pie mientras el guía me esperaba delante, a unos kilómetros, y si algo me llamaba la atención en las cercanías de una casa la gente, no dudaba en invitarme a entrar. Y aunque en estos lugares el único inglés que conocían era “hello”, el lenguaje de los signos y la risa contagiosa de la gente enseguida conseguía un mínimo entendimiento.



    Aquellos días también visitamos Skoun, una pequeña localidad, por llamarle de alguna forma, perdida en la nada, donde algunos autobuses hacen sus paradas de ruta. Es muy típico ver mujeres y niñas vendiendo enormes arañas y pájaros fritos.

    Quemé los días al máximo y contraté un coche para llevarme directamente al aeropuerto de la capital el mismo día de la partida y comenzar así otra odisea de vuelta a casa. El viaje tocaba a su fin, una noche en Bangkok y adiós. Se me hizo muy corto y un sentimiento contradictorio me acompañaba, por un lado las ganas de ver a los míos, por otro la tristeza de no haber podido ver el Este de país y haber aportado algo más.



    Camboya, luces y sombras, un país que se merece lo mejor, con el que me siento en deuda y como rezan muchos de los carteles repartidos por el país: “Los niños son nuestro mejor valor”.
    Ojalá los lobos que acechan a esa maravilla natural la respeten, guarden su identidad y las condiciones de vida mejoren para todos y no solo para los mismos.

    Muchísimas gracias Francisca por la oportunidad de trasmitir este pequeño flashazo de mi experiencia.


    Leo Botana
    A tatekieto, Matafion, coque y a otros 7 les gusta esto.
    Comentarios 54 Comentarios
    1. Avatar de hojas
      hojas -
      Excelente articulo que leí tranquilamente anoche y me conmovió mucho.
      Un saludo.
    1. Avatar de JOSECARLOSS
      JOSECARLOSS -
      Buena historia que nos cuentas através de lo vivido y buenos recuerdos que dejas através de tus fotografías.
    1. Avatar de puntojusto
      puntojusto -
      Gracias por este reportaje rebosante de humanidad y talento narrativo y descriptivo asomando entre sus letras e imágenes.
    1. Avatar de Don ruben
      Don ruben -
      Muy guapo compañero, lo que hacemos para fotografiar lo que queremos, esas miradas son un primor bien elegido el titulo .
    1. Avatar de MALOCEMA
      MALOCEMA -
      Pues en principio, agradecerte el hacerme participe de tus experiencias y mostrarme unos lugares que de no ser de esta manera, seguramente nunca conoceré...
      Y sobre todo felicitarte por el magnifico trabajo realizado tanto en el terreno fotográfico, como en el literario. Tu narración, de forma amena, ha conseguido que por unos momentos me haya transportado a miles de kilómetros...
      Y por ultimo, no puedo dejar de hacer mención a que tu manera de mostrarnos esas "otras realidades" dicen mucho de la otra vertiente que siempre hay que valorar en estos casos... la humana.

      Las fotos geniales…





      Saludos
    1. Avatar de Luamac
      Luamac -
    1. Avatar de A_r
      A_r -
      Me ha gustado mucho.
    1. Avatar de leboc
      leboc -
      Muchísimas gracias a todos los que os habeis pasado, la verdad es que tenía mis dudas ya que como literato soy un zote y como dijo Javier LT en su artículo, el enfrentarse al folio en blanco es complicado. Si aunque sólos sea un instante he conseguido trasladaros a esa aventura que fué para mi Camboya, os aseguro que es la mayor de mis recompensas. Gracias de verdad a todos. Un abrazo
    1. Avatar de ManuelD
      ManuelD -
      Leboc amigo... acojonantes, me ha saltado alguna lagrima con una de las instantaneas, vaya historias .....



      Un abrazo y deseando verte de nuevo....
    1. Avatar de juandevillalba
      juandevillalba -
      Un fantástico trabajo Leo, gracias por compartir esta experiencia acompañado todo ello de unas fotos maravillosas. Gracias de nuevo.
      Un abrazo.
    1. Avatar de dariosastre
      dariosastre -
      Pedazo reportaje compi. Mi mas sincera enhorabuena.
      Un abrazo,
    1. Avatar de CHEFOTO
      CHEFOTO -
      me ha gustado muchisimo,enhorabuena,saludos
    1. Avatar de josetb
      josetb -
      Enhorabuena por este excelente trabajo, un reportaje muy bién detallado de tus vivencias por este país acompañado como no podía ser menos de una fotos excelentes, se agradece ver cosas así , con alma, Gracias Leo
    1. Avatar de Justo
      Justo -
      Un gran, gran trabajo. Enhorabuena
    1. Avatar de MacJonnhy
      MacJonnhy -
      Alucinante articulo lleno de detalles, conmovedor y extraordinario, me ha encantado y he disfrutado mucho leyendo.
      Las fotos y a pesar de que las conozco todas, cobran un impacto mucho mayor acompañadas por tus palabras.
      Muchas gracias por compartirlo, amigo.
      Un abrazo
    1. Avatar de j_u_a_n314
      j_u_a_n314 -
      magnifico de verdad...... para releer varias veces.......... gracias por tu tiempo.
    1. Avatar de Antonio Somoza
      Antonio Somoza -
      Me ha encantado Leo... lo he ido leyendo poco a poco, en varios momentos y me parece que has hecho un espectaculra reportaje de viajes... uno físico, por pueblos y lugares y otro espiritual, hecho de miradas y sonrisas.. No es facil y tu lo has conseguido. Un abrazo.
      Salú y larga vida para ti y para los camboyanos.
    1. Avatar de Clin
      Clin -
      Así da gusto viajar.
      Enhorabuena por el reportaje. Es didáctico, ameno y maravilloso de visualizar.
      Las fotos me encantan porque a mi la foto social me llega muy "jondo".
      Un saludo
    1. Avatar de Juan C
      Juan C -
      Que bien poder ver el trabajo de varias personas de la KDD en primera página, tal y como te mereces tú en este caso. Varias fotos, si no todas, ya te las había visto por ahí y son unas joyitas. Parte de la historia ya la conocía de tu propia palabra y después de leerla toda no soy capaz de encontrar adjetivos... son cosas que hay que vivir como tú has hecho y disfrutado. Graicas por contar esta maravillosa historia y un saludo.
    1. Avatar de José Luis Gómez
      José Luis Gómez -
      Excelente relato. Ya nos habías contado muchas cosas de ese viaje pero ha sido una gozada la lectura del artículo. Me impresiona ese respeto y sensibilidad que se respira en todo el relato, dicen mucho (y todo bueno) del que lo escribe.
      Tu elección por el byn en muchas fotos es un absoluto acierto, se acopla a la temática y encima lo dominas a la perfección

      Un abrazo Leo
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