Durante muchos años el perfil de Bilbao se mantuvo inalterable. Todo eso cambio con la construcción de las Torres de Izosaki. Aún así, al edificarse en el punto más bajo de la ciudad, la orilla de la ría, no destacaron excesivamente en el horizonte.
Pero el paseo por la orilla cambió para siempre. Lo que en sí no destacaba en el horizonte despuntaba sobradamente al merodear a la altura de su base. Si eso fuera poco, esa dualidad de la pareja de edificios y su superficie acristalada le daban (para mi gusto) cierto aire místico.
Así que cuando empecé a pensar en esto de los edificios como totems estos dos fueron una referencia a utilizar. El enclave, el resultado, el conjunto siempre es una incógnita al principio, pero cuando empieza a salir la imagen todo va rodado. Este es el resultado.
Espero que os guste.
Un saludo



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