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No conocía la historia de la foto en sí. Que el fotógrafo tuviera la sangre fría de pensar en esconder el carrete en esos momentos me parece absolutamente impresionante. De la foto, qué decir. Es fotoperiodismo puro, extraordinaria por el momento en sí.
De lo que sí estoy segura es de que nunca sabremos la verdad, porque la verdad es demasiado peligrosa para la estabilidad de nuestro Estado de derecho.
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